1917 - El poder de la inmersión

La Gran Guerra contada en (literalmente) dos planos secuencia



   Durante este mes de Enero y solo si sois mucho de estar por Twitter, no habréis dejado de oír por aquí y por allá, a través de memes o de tweets serios, eso de que se venía la Tercera Guerra Mundial. Nadie va a negar que el señor naranja con peluquín está un poco chalado (bueno, un mucho), que a veces le dan enajenaciones mentales transitorias y le da al botón rojo así con la mano muy suelta. Pero todos tranquilos, que si estáis leyendo esto es porque aún no ha estallado la guerra y seguimos teniendo Internet. No, en serio... la WWIII llegará cuando apaguen Internet a nivel mundial, hacedme caso.

   Aprovecho eso de que aún existe Internet para hablaros hoy de una guerra de esas antiguas, que solo recuerdan los libros de historia y vuestra tatarabuela de 117 años si es que aún está viva, que todo puede ser. Bueno, los libros, vuestra abuela y el cine, al parecer. Esta vez obviaremos el hecho de que los videojuegos también la recuerdan de vez en cuando y salen maravillas como Valiant Hearts: The Great War, la producción audiovisual con más rigor histórico acerca de la Gran Guerra que había visto hasta ayer. Y digo hasta ayer porque ayer, amigos y amigas, tuve el honor de visualizar 1917 y... bueno... ahora os cuento.

NO ESTARÍA ESCRIBIENDO SOBRE ELLA SI NO FUESE UNA MALDITA SALVAJADA VISUAL Y AUDITIVA

"Schofield y Blake, protagonistas indiscutibles. Sus caras serán lo que más verás en el filme, no
por nada, sino porque el 90% de los planos son de ellos andando hacia la cámara"
   
   A veces traigo a este nuestro blog videojuegos mediocres para cagarme en ellos varias veces (siempre con criterio, por supuesto), pero nunca traigo películas malas, básicamente porque las películas malas puedo olvidarlas sin que se queden grabadas a fuego en mi mente. Eso hace que luego no tenga la necesidad de escribir sobre ellas.

   Entrando ya en materia, lo primero que se hace saliente en la película antes que cualquier otra cosa, es que las conversaciones entre los personajes y lo que se dice en ellas van a jugar uno de los papeles más importantes de la película. La narrativa basada en diálogos (que no visual, de momento) toma las riendas de la película durante sus primeros minutos.

   Pero pocos minutos pasan hasta que esta narrativa auditiva se fusiona, casi sin que el espectador se de cuenta, con la narrativa visual; ese maravilloso mundo en el que una historia es contada sin palabras, tan solo con la magia de la imagen. Y es que en determinado momento, las expresiones, las vestimentas, las estructuras, la fidelidad del escenario, el entorno... empieza a hablarnos sin voz alguna. De repente has retrocedido más de 100 años y estás allí, con ellos, en las trincheras. 

"Te recomiendo ir a ver la película a un cine de calidad. Si lo haces, queda asegurado que
cuando peguen un tiro o impacte un misil te van a temblar hasta los dientes"

   Ya no solo escuchas lo que dicen y te interesas por esa conversación continua, a veces irrelevante pero enormemente adictiva y a veces repleta de información e igualmente interesante, sino que aparte te ves rodeado por una imagen y unos sucesos que simulan endiabladamente bien lo que debió ser la vida en una trinchera: soldados fumando tabaco de liar, escribiendo cartas, bebiendo vino, heridos, desalentados, agotados, sucios, algunos mutilados, otros llorando, cada uno con una historia que contar. Una historia que el espectador puede intuir tan solo observando lo que hace ese hombre durante los pocos segundos que aparece en pantalla, mientras la cámara no deja de captar a nuestros dos protagonistas, que van dejando a sus espaldas a todos ellos en su avance por las trincheras.

   Esto ocurre durante los primeros minutos del filme. Minutos cruciales para que ya te hayas percatado de que todo lo que ves y oyes es en pos de crear la narrativa más bestia que te hayan echado en cara últimamente. Pero no se vayan, que aún hay más.

HAN PASADO 10 MINUTOS... Y ESTOS DOS CHAVALES SIGUEN HACIENDO LO MISMO QUE AL PRINCIPIO: CAMINAR

"Tierra de nadie; da igual quien fueses o de donde vinieses. Caminar por las llanuras entre
trincheras te garantizaba una muerte rápida y dolorosa"

    Y es que así es... cómo caminan y corren dos chavalines con fusil es lo que vamos a ver y a seguir viendo minuto tras minuto.

   Aunque más o menos a los 10 minutos, como indica el encabezado, es cuando nos damos cuenta de ello y también cuando algo se activa en nuestra cabeza; algo que nos dice que la cámara no se está comportando como debería comportarse en una película bélica. No hay diferentes planos de una situación, no hay cortes, ni siquiera planos que capten algo que no sea uno de los dos chicos. La cámara lleva 10 malditos minutos siguiendo un recorrido sobre raíles a espaldas o frente a los dos chicos, rodeándolos, observándolos, captando cualquier detalle, como un ojo que no parpadea, una cámara obsesiva que no corta ese maravilloso y agobiante plano secuencia en ningún instante, creando una sensación única en el espectador: la sensación de que este es un soldado más. Vemos lo que nuestros compañeros ven y escuchamos lo que ellos escuchan. No se proporciona al espectador en ningún momento información que le de pistas sobre lo que va a ocurrir. Sabemos lo mismo que nuestros dos compañeros: nada.

"Una mirada atrás. No sabes si realmente está buscando algo que la cámara no capta o al
propio espectador, sabiendo que está ahí, con él, con ellos, en la guerra"

   Esta incertidumbre continua, como hemos dicho, se logra a través de un plano secuencia de nada más y nada menos que una hora, seguido de un solo corte, después del cual volvemos a adentrarnos en otro plano secuencia hasta el final de la película. Todo ello sin que los protagonistas abandonen el encuadre de la cámara en ningún momento, por lo que si ellos no ven los peligros que les rodean, nosotros, que jugamos el papel de su tercer compañero de pelotón, tampoco lo haremos.

   Tras percatarnos de todo esto, sigue otro descubrimiento. Comenzaremos a notar cual es el ritmo de la película: un ritmo lento y despreocupado, en el sentido de que no tendrá nunca prisa por contarnos la historia, que avanzará al paso, literalmente, de Blake y Schofield. Un paso detrás de otro, cada paso será calculado, medido y puesto a prueba, como si ambos soldados y recordemos, nosotros, el tercer compañero, pesásemos ahora cincuenta kilos más. Todo es lento a la vez que profundo en significado.

   Y es que el propio subencabezado de la película lo dice: el tiempo es el enemigo. Así es y lo viviremos de primera mano, ya que, debido a ese maldito plano secuencia, el tiempo que transcurra en la sala de cine, en el mundo real, será el que tendrán ellos para realizar su misión. Dos horas. Paso. A. Paso.

HA LLEGADO EL VERDADERO PROTAGONISTA: EL RIGOR HISTÓRICO

"Según los relatos, algunos comandantes y capitanes eran crueles y autoritarios. Esto queda
inmortalizado en un par de momentos durante el filme"

   Y es que nada tendría sentido si, como hemos dicho anteriormente, las trincheras no fuesen trincheras, los soldados no se comportasen como soldados, los tiroteos no fuesen como tiroteos y las condiciones de vida no fuesen como las de la época. La imagen, el sonido, las conversaciones, la trama y ese plano secuencia no tendrían sentido si el entorno, el ambiente y los personajes no fuesen un cien por ciento realistas.

   En el encabezado he puesto "La Gran Guerra contada en dos planos secuencia". Y es que pese a que los hechos de la película abarcan tan solo dos horas de los 4 años que duró la guerra, esos 118 minutos son suficientes para que las facetas más importantes de esta queden representadas. Hay literalmente unos minutos dedicados a cada faceta de la guerra durante el viaje de nuestros compañeros: las ratas de las trincheras (un enorme problema para la supervivencia), la vida de los soldados en ellas, los civiles refugiados, las armas y cómo funcionaban, el sistema de rangos militar, la tierra de nadie, los heridos, los muertos, el poder del clima y la naturaleza, la vida de día, la vida de noche, los encuentros entre soldados de distintos bandos, la confianza, el engaño, las estrategias, las familias de los guerreros, las batallas aéreas, la indefensión ante una muerte incierta e inevitable, el viaje, la soledad, las historias a las espaldas de cada uno de los hombres que participó en la masacre... cada minuto, cada segundo en 1917 simboliza una de las múltiples y diversas caras de la Gran Guerra y nuestros soldados pasan por todas ellas en tan solo dos horas.

"Las caras, Juan, grábales las caras. Y es que Paloma ya predijo 1917 en Aquí No Hay Quien
Viva, pues las expresiones y los sentimientos que hay tras ellas se llevan un buen porcentaje
del mérito de la película. El realismo llevado al límite"


   Se puede decir que su misión es un recorrido que va desde 1914 a 1918, deteniéndose a cada paso en sucesos o hechos que hicieron que ese periodo quedase grabado en los anales de la historia. 

   En definitiva, si estás pensando en algo característico de la Gran Guerra, 1917 lo tiene. Tan solo hace falta no perder detalle mientras la visualizas, aunque tampoco podrás perderte nada, ya que tan solo tendrás que entrar en la sala de cine... y el poder de la inmersión hará el resto.

   John - Orgullogamer - Cuando hagan una película de la Tercera Guerra Mundial, yo, el hombre de acción, estaré en portada.

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