Relatos Solidarios: Días de colegio

Días de colegio. Nuevo relato que se añade a la sección más solidaria de nuestra página

"Días de colegio, vísperas de resplandores...¿o eran borrascas?"

Nuestro compañero Frankyoak vuelve a participar con nosotros y nos ofrece este grandioso relato. Como viene siendo costumbre, el videojuego en el que Frank se ha basado el relato, lo encontrareis al final de la entrada. Aunque siempre os queda la baza de intentar averiguar de cual se trata. Ahora os dejo con él. Disfruten y sobre todo, compartan y ya si te animas a participar en la sección de Relatos Solidarios, lo bordas del todo. 

Días de colegio

            La clase, repleta de alumnos, estaba totalmente en silencio. Solo se escuchaba el escribir de los bolígrafos, pasar algunas hojas y el roncar de Alfred, pero eso no distraía a nadie, ni si quiera al Profesor Gasnoble. Alfred se había pasado así gran parte del curso combinando ronquidos con caídas, ambas producidas por el profundo sueño que tenía el muchacho. Gasnoble sabía en quien tenía que fijarse y lo hacía como un halcón vigila su presa. O al menos lo intentaba. Al contrario que los halcones, el cuarentón profesor de ciencias, llevaba unas gafas cuyos cristales eran literalmente culos de botella. Con ellas puestas la percepción era que sus ojos eran inmensos cosa que le daba un aire un tanto cómico y, evidentemente, se prestaba a las bromas de sus “queridos alumnos”. Había un grupo en concreto que tenía que vigilar de cerca. Indalecio estaba en su sitio de siempre, al final de la clase a la derecha, justo al lado de la ventana. Ahora parecía centrado pero Gasnoble sabía que era un espejismo. Inda, como le llamaban sus amigos, se atusaba la mata de pelo rubio de vez en cuando. Era un alborotador consumado pero también era muy exigente con su aspecto físico. Tenía la extraña cualidad de crear el caos y cuando todo explotaba… él ya no estaba. Todo lo contrario que Paco. Bubúfalo para los amigos, un apodo que hacía referencia a la tartamudez del chico. Bubúfalo parecía mucho mayor que el resto, aunque solo en su físico. Su especialidad era “la apropiación indebida de almuerzos”. En cada recreo, Bubúfalo podía acabar con ocho bocadillos en las manos. Bocadillos que iban directos a su enorme estómago. Delante de Bubúfalo estaba Carlitos. Nadie le llamaba así. Empollón, Cerebritos… aunque el más extendido era Einstein. Gasnoble sabía que nunca tendría problemas con él. Tenía una media de diez y un coeficiente intelectual que rompía sobradamente con la media del colegio. El único problema de Einstein era sus lloros. Asustadizo y débil, era el blanco fácil de Bubúfalo y de Francis. Al pensar en Francis lo buscó con la mirada… ¿Dónde estaba? Al final lo encontró… estaba al lado de Einstein… típico en un examen. Francis no era muy aplicado, tampoco era muy fuerte, pero era listo y con una mente inquieta, muy inquieta… eso le acercaba mucho a Inda. Ambos podían inventar cualquier cosa… y siempre en perjuicio de alguien. Gasnoble siguió vigilando… todo lo que las gafas le permitían.

            Francis alzó la vista. Su cara llena de pecas le daba un aspecto travieso ya de por sí. Gasnoble estaba mirando hacia Bubúfalo y eso era bueno.
            - Psst…. Einstein – Llamó en un susurro casi inaudible.
            El aludido sí lo escuchó, tragó saliva y optó por no hacer caso
            - Einstein… - Repitió Francis – Dime algo de la pregunta tres o le digo a Bubúfalo que fuiste tú quien se chivó de lo del retrete-
            El pequeño Einstein abrió los ojos de par en par. Dudó unos segundos y rebuscó en su examen esa pregunta. Todos tenían dos folios, pero Einstein tenía dieciséis… y aún le quedaba por desarrollar tres preguntas de las diez de las que constaba el examen.
            - ¿Ley de Hubble? – Preguntó tímidamente el número uno de la clase
            - Sí… - contestó Francis
            - Es la ley que demuestra que el universo se encuentra en continua expansión y que, por tanto, cada vez existe más distancia entre las galaxias. Según esta ley, la velocidad a la que los cuerpos del universo se alejan también va en aumento, pero no varían su dirección. Es decir que…
            - ¿Me tomas el pelo? – Preguntó Francis
            - ¿Qué? – Dijo Einstein sin entender a su amigo
            - No entiendo un carajo…
            - ¡Señor Francis! – La voz de Gasnoble sonó autoritaria frente a él. - ¿Qué cree que está haciendo en mi clase?
            - Un… ¿Examen? -
            - ¿Y en que pregunta se ha quedado? -
            - Ley de Hubble… - Francis miró cabreado a Einstein
            - Vaya, muy apropiado – Dijo Gasnoble – Ahora finja ser una galaxia y aléjese de nosotros a una velocidad creciente y en dirección constante al despacho del Director -
            La clase rompió a reír pero Francis no pareció pillar el chiste.
            - Te voy hacer comer tu libro de física – Dijo mirando a Einstein, el cual, en milésimas de segundos, paso de estar riendo, a tener un rictus pre lloriqueo.
            - Mr Gasnoble Francis quiere pegarme…. – Dijo ahogando un sollozo
            - ¡Francis! – Gritó el profesor de física haciendo que sus gafas se bajaran unos milímetros - ¡Al despacho del Director! –
            Francis le miró un segundo. Esa bata blanca con la que Mr Gasnoble vestía siempre le parecía ridícula, pero sonrió al recordar el día que le colocó un cartel en la espalda que ponía “Carnicero”.
            Inda miraba la escena desde su pupitre. Despacio y sin hacer movimientos bruscos metió la mano debajo de la mesa… era el momento de utilizar su arma. Sus dedos rebuscaron dentro de la mochila y al tocar lo que buscaba sonrió ampliamente. Su arma. Su preciosa e inseparable arma… Con la otra mano buscó en el bolsillo pequeño la munición. Allí estaba. Se agazapó detrás del compañero que tenía delante y espero el momento… momento que se dio cuando Francis pasó delante del profesor en dirección a la puerta y este se giró para ver como el alumno salía del aula. Rápidamente, Inda apuntó a Mr Gasnoble y disparó su tirachinas impactando con el garbanzo en la cabeza del pobre hombre. Se volvió hacia los alumnos frotándose enérgicamente la cabeza por el intenso dolor, pero todos estaban callados. Todos menos Einstein que tenía la mano levantada.
            - Mr Gasnoble – Dijo el pequeño y pelota alumno – Ha sido Inda -
            El aludido miró perplejo a su compañero y luego al profesor, el cual le señalaba también la puerta.

            El pasillo, como todo el colegio, era de aspecto antiguo pero muy cuidado. Tenía tintes medievales y en su decoración abundaban las armaduras y los escudos de armas. Todo el colegio estaba lleno de ellos, réplicas de los apellidos nobles que habían estudiado en ese centro. El edificio al completo estaba lleno de leyendas y marujeos. Y al llegar a ese pensamiento Francis se paró en seco. Inda a su lado lo miró interrogante
            - ¿Recuerdas lo que no contaron cuando entramos en primer curso? – Preguntó Francis
            - Nos contaron muchas cosas tío…
            - Lo de la contraseña…
            Inda se rascó la cabeza antes de contestar
            - ¿El que las contraseñas del ordenador del Director está guardada detrás de un escudo?
            Francis asintió eufórico
            - ¡Es absurdo Francis! -
            - Piénsalo – Su amigo le cogió de los hombros y le zarandeó  - ¿Y si fuera verdad?
            - ¿Por qué dejarla escondida?
            - Mr Empanatidis está viejo, decrépito y chocho –
            - Bueno son tres buenas razones… - Dijo Inda subiendo los hombros – Pero ¿Qué ganaríamos con las contraseñas? ¿A caso quieres robar?
            - Quiero modificar las notas -
            El muchacho rubio abrió los ojos de par en par
            - Estás loco Francis… - Inda comenzó a andar hacia atrás – No cuentes conmigo, si me expulsan mis padres me matan… o peor, me ponen a trabajar
            Francis vio cómo su amigo desaparecía por una de las escaleras del colegio. Suspiró y miró al escudo que tenía sobre la cabeza. Era cierto, si lo pillaban lo expulsarían, pero… con el suspenso en ciencias había hecho pleno.
            Acercó una silla al escudo, se encaramó y lo separó de la pared un poco… no había nada. Pero aún quedaban cerca de una veintena de escudos repartidos por todo el colegio. Francis miró el reloj que colgaba de la pared. Eran las once y veinte. Hasta las doce no habría cambio de clase y el Director Empanatidis no iría a su despacho… tenía que intentarlo.
            A partir de ahí, el tiempo apreció acelerar. Y veinticinco, y media… y el muchacho iba corriendo de aquí para allá. Se subía a las sillas, a los bancos incluso saltaba para mover los escudos, pero en ninguno parecía haber nada.

            Inda estaba en la clase de historia. Ahora estaba vacía, pero en unos veinte minutos estaría llena de compañeros. Miró la pizarra y sonrió. Cogió una de las tizas que había encima de la mesa del profesor y empezó a escribir. De pronto paró. Pasos. Miró hacia la puerta y cuando ya la imagen del Director Empanatidis empezaba a formarse en su mente, Francis pasó corriendo. Inda soltó un suspiro, volvió a mirar y sonrió. Debajo de lo que había escrito puso una firma con un Francis bien legible.

            Francis llegó al tercer piso jadeando, giró el rellano de la escalera y se paró en seco. Mr South, su profesor de geografía, venía hacia él. Por suerte y como ya era costumbre, el hombre tenía literalmente la nariz metida en un libro. El chico miró hacia todas direcciones y se lanzó en plancha en los aseos, reptó y se escondió tras la puerta. Tragó saliva y escuchó como los pasos del profesor pasaban de largo. Tras el susto, poco a poco un olor nada agradable le llegó.
            - ¡Maldita sea Bubúfalo! – Susurró saliendo de su escondite - ¡Tira de la cadena! ¡Qué peste por Dios! -
            Como pudo, Francis salió al pasillo, no sin antes mirar, primero a la derecha y luego a la izquierda. Aún estaba mareado por el tufillo a Bubúfalo, pero no podía parar. Miró al reloj de la pared, eran ya menos cuarto. Le quedaba toda la planta, ocho escudos en total. Corrió por el pasillo parándose debajo de todos y cada uno de ellos, pero ninguno tenía nada. Sin duda era una leyenda, un cuento para novatos. Adiós a su última esperanza de aprobar. Se sentó en el suelo y se puso las manos en la cabeza.
            - Vamos Francis – Era Inda que pasaba junto él – Hay que llegar al despacho del Director antes de que llegue
            El deprimido chico lo miró y suspiró. Se levantó y comenzó a caminar junto a Inda
            - ¿Lo has encontrado? – Preguntó divertido
            Francis, sin muchas ganas de hablar negó con la cabeza
            - No te preocupes hombre – Inda le pasó una mano por el hombro a su amigo – Pasaremos a la historia como la mejor promoción. La promoción del ‘84
            - No me vale Inda -
            - Ni a mi… tendré que trabajar en alguna pizzería de la cadena de mi padre –
            - Yo creo que me haré probador de productos farmacéuticos… creo que pagan bien
            Los dos amigos llegaron a la puerta del despacho. Estaba cerrada pero eso precisamente les indicaba que el Director no había vuelto. Antes de entrar, se miraron y cogieron aire.
            El interior destilaba antigüedad. Todo era viejo, el armario, el escritorio, la alfombra, el papel de la habitación… todo excepto un objeto última tecnología. Un ordenador. Ambos amigos lo miraron casi con miedo y respeto. Era pequeño, con un arco iris en una de sus esquinas. Las teclas del aparato eran grises sobre una carcasa negra y palabras extrañas en diferentes colores estaban impresas por todo el teclado. Frente a él, una pequeña televisión hacía las veces de monitor.
            - ¿Y eso nos controla? – Preguntó Inda
            - Eso guarda nuestras notas – Dijo Francis sentándose en una de las viejas sillas frente al escritorio – No tendrá éxito
            Inda se sentó a su lado y ambos examinaron el despacho. Si la palabra “recargado” tuviera una representación gráfica, sería esta. Era como estar en una habitación de la época victoriana pero que perteneciera a alguien que recopilaba compulsivamente elementos de la época. Muchos alumnos, dudaban si el Director mismo era de la época.
            El silencio de los dos amigos fue roto por un tercero, era Bubúfalo. Seguramente también le habían pillado copiando. Este miró de hito en hito a los dos y se subió las mangas…
            - A… a…. así que mi ca….ca…cabeza sirvió de a…a….ariete en la Guerra de Ttttttttroya… - Bubúfalo miró  a Francis con odio intenso
            Inda sonrió y se apartó
            - ¿Eh? – Dijo Francis levantándose de la silla - ¿Y por qué me miras a mí?
            - ¿Quizá po…po…porque lo escribiste tú en la pi…pi..,pizarra? – Bubúfalo se acercó a él sin desviar la mirada
            - ¿Yo….?
            No había pasado más de un minuto desde que Bubúfalo entrara en el despacho. Ahora, él se frotaba la mano, Inda sonreía sentado entre los dos y Francis se frotaba el mentón.
            - Y da gra…gra….gracias que no te rompí el essssss…escudo en la cabeza – Añadió Bubúfalo para poner fin a la disputa.
            En ese momento, Francis se quedó pensativo y miró al escudo de armas que estaba en la esquina. No había mirado allí.
            - Dame el tirachinas – Pidió a Inda el cual lo miró extrañado - ¡Dámelo! – Insistió nervioso
            Inda se metió la mano el bolsillo, lo sacó y se lo dio.
            - Bubúfalo vigila la puerta – Ordenó Francis, pero su amigo le ignoraba - ¿Quieres aprobar?
            El aludido e Inda se miraron y finalmente se dirigió a puerta.
            Francis se acercó al escudo, estaba muy alto, no podría llegar ni con una silla. Si lo que buscaba estaba allí, el Director necesitaría una escalera… pero no había tiempo. Cogió uno de los garbanzos que siempre guardaba en su bolsillo, apuntó y disparó haciendo un sonido metálico. No pareció pasar nada, pero de pronto, una hoja se deslizó hasta la puerta. Los tres muchachos lo miraron asombrados. Eran los códigos. Francis rápidamente cogió la hoja y la examinó. Sus dos amigos se acercaron y sonrieron.
            - ¿Y con esto podemos cambiar las notas? – Preguntó Inda
            - Sí – Asintió Francis – Entraremos en ese zx no sé qué y nos aprobaremos -
            Bubúfalo, feliz quería decir algo pero no le salía, estaba atascado.
             - Sí Bubúfalo – Dijo Francis – Es Estupendo -
            - Una lástima que sea en el último año – Añadió Inda
            - ¿Mejor no? – Preguntó Francis – Nos vamos por fin.
            - No creas… - Inda suspiró – Lo que están construyendo enfrente no es una ampliación del colegio, es un colegio de chicas…

            El director miró enfadado a los tres alumnos que tenía delante. Su semblante, arrugado por los años, recorría de uno a otro intentando encontrar las palabras adecuadas. Llevaba años lidiando con los tres y estaba cansado.
            - Y lo peor de todo…. Es que su castigo es mi castigo – Dijo el Director Empanatidis
            Ninguno de los tres muchachos decía nada. Se limitaban a mirar al suelo.
            - No tengo más remedio que suspenderles… - El anciano Director suspiró – Con lo cual, deberán repetir este curso.

            Los tres se miraron y sonrieron… el año que viene habría chicas… sería una vuelta al colegio diferente.

Por @frankyoaks

El relato está basado en el videojuego >>School Daze<<
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