Primeras impresiones de Rime

Aguas cristalinas, piedra blanca, hierba fresca y un Sol radiante. Esa es la belleza del Mediterráneo en verano. Mar que han gozado civilizaciones como la griega y la romana y que ahora llega a las consolas de medio mundo de la mano de los madrileños Tequila Works y su Rime. Aquí van mis primeras impresiones.

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A mí es fácil convencerme con la primera impresión. Lo reconozco, me chifla lo técnico y últimamente, y cada vez más, lo artístico. Ha sido arrancar Rime y tener unas ganas imperiosas de caminar por la costa rodeado de arboles, escuchando las cigarras bajo un Sol abrasador hasta que no puedes más de calor y te zambulles en un agua fresca y trasparente. Ganas de verano.

Lo primero que salta a la vista en Rime, es el oído. La banda sonora es de una sencillez y gusto exquisitos. Después viene el bofetón de preciosidad del entorno. Una isla mediterránea con sus animalitos, arboles, acantilados por donde se pone el Sol rojizo, estrellas en el cielo durante la noche con una Luna espectacular y lo mejor que te puede pasar jugando... Que te salga el Sol por detrás de algún monumento de piedra blanca. La vuelta del astro rey que vuelve a iluminar los paisajes de estas pequeñas islas.

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Bueno y después del bofetón audiovisual, ¿Qué queda?

De repente nos damos cuenta que estamos delante de un juego que nos propone la exploración como premisa básica, ya que no tenemos ninguna historia que seguir ni ningún objetivo aparente. Acabamos de despertar en la arena de una playa llena de cangrejos, suponemos que de un naufragio, y nos disponemos a recorrer el entorno.  En seguida y casi sin quererlo ya nos encontramos recopilando trofeos y haciendo pequeños puzles con algunas estatuas. Un juego con mecánicas sencillas, puzles que enganchan porque cada vez son más elaborados y en general un áurea de misterio, belleza y magia que nos transporta directamente al glorioso Journey (2011) de That Game Company.  En ambos juegos me pasa lo mismo, no le darías al pause nunca jamás.

Con cuatro botones lo hacemos todo y hasta podemos nadar bajo el agua.  Todos es muy fluido e intuitivo, pero que no os haga parecer que el juego será fácil. Menos es más. La sencillez, esa apuesta aplastantemente ganadora a veces, cuando se utiliza con gusto. Si se hiciera un modo foto, no pararías.

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Después de haber jugado las horas iniciales te das cuenta de que la mayoría de momentos estas completando puzles pero a la vez disfrutando del camino al andar, como decía Machado. Disfrutando de la belleza de la luz, de los rincones oscuros, de la flora y la fauna de la isla y cómo cambian con el paso de las horas del día y de la noche. En resumen que lo mejor que consigue Tequila Works es que disfrutes de completar el juego mientras disfrutas del paseo por el escenario que han creado y como no, acompañados todo el camino por unas bellas notas musicales.

Puro placer audiovisual. Un juego que, de momento -esto son unas primeras impresiones- no tiene nada que envidiar a los grandes juegos de nuestro tiempo. Puede que este sea el golpe sobre la mesa definitivo de que aquí se hacen buenos juegos y sin necesidad de tarjetas gráficas monstruosas para jugarlos.



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