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Momentos inolvidables de Super Mario Bros

Posted by Iván Fernández Frías On martes, 7 de octubre de 2014 4 comentarios


El juego que lo cambió todo. El primer juego de Super Mario Bros para la NES supuso un cambio de perspectiva para toda la industria del videojuego. Su estela aún puede notarse en muchos de los videojuegos actuales, especialmente en los juegos de plataformas. Aparte de ser la carta de presentación del personaje más icónico de la Gran N en una videoconsola doméstica, supuso una revolución en la forma de diseñar y pensar un videojuego: la curva de dificultad es excelente, el diseño de las fases inmejorables, los enemigos tienen personalidad propia, etc.

Hay mil cosas que se han dicho y se dirán sobre Super Mario Bros para NES; es simplemente uno de los mejores videojuegos de la historia. No pretendo realizar un análisis minucioso ni presentaros las mil y una curiosidades que existen sobre éste juego. Hoy os traigo algo mucho más personal: un pedazo de mi historia en el mundo de los videojuegos. Super Mario Bros fue mi primer videojuego. Pero hagamos un poco de memoria.

Finales de los 80/principios de los 90 (no lo recuerdo), 6 de Enero, Interior, primera hora de la mañana. El día que todos los niños esperábamos había llegado. Tras una noche inquieta, mi hermano y yo corrimos hacia el salón, gritando y llenos de ilusión para ver lo que los reyes nos habían dejado. No me acuerdo que más regalos teníamos (algún He-Man, probablemente, y seguro que un par de libros) porque una caja grande lo eclipsaba todo. La abrimos, con el frenesí propio de la infancia, para encontrarnos con la Nintendo. Al lado, dos cartuchos: el Soccer y el Super Mario Bros. Con la ayuda de mi padre, enchufamos la consola a la televisión, metimos el cartucho del Super Mario y dimos al power. Seleccionamos dos jugadores (yo era el hermano pequeño, así que jugué siempre con Luigi) El resto es historia. Aquí os presento los cinco momentos que nunca podré olvidar del Super Mario Bros.

PRIMERA VEZ O CÓMO MORIR EN 5 SEGUNDOS

Mi experiencia en el mundo de los videojuegos se reducía, hasta ese momento, a unas breves partidas con la ATARI en casa de mi primo, casi siempre como espectador mientras mi hermano y mis primos mayores jugaban con ella. Por fin tenía un mando en mis manos. La primera vez es inolvidable. Mi hermano había conseguido esquivar a un enemigo, coger la seta mágica y morir cruelmente ante los siguiente goombas.

¿Yo? No conseguí saltar el primer enemigo. Y eso que me preparé: probé los botones, la cruceta, incluso el botón START y el SELECT. Ahí se acercaba el enemigo; di al botón A una vez, mientras se acercaba: estaba convencido que conseguiría espachurrarlo contra el suelo o por lo menos saltarlo por encima. Nada de eso: pulse el botón demasiado pronto y caí justo delante de él. Pero nunca se me podrá olvidar la sensación de ser el que manejaba a aquel señor de verde, la sensación de poder y libertad que me recorría todo el cuerpo. Morí bochornosamente, eso sí, pero con una sonrisa en la boca. Había comenzado en el mundo de los videojuegos, y como casi todas las primeras veces, fue algo rápido y vergonzoso. Pero era mi primera vez, nadie podía arrebatarme eso.

EL PRIMER CASTILLO O EL INFIERNO EN NUESTRA PANTALLA

Poco a poco nos hicimos con el juego. Aprendimos a jugar los dos con Mario, a vida o a pantalla. Dimos saltos imposibles, conseguimos descubrir dónde se encontraban las setas, las flores y las estrellas de los primeros tres niveles del juego. Incluso descubrimos un atajo en el primer mundo con un montón de monedas (no sabíamos para que servían las monedas, pero estábamos seguros de que era importante). Pero no podíamos pasarnos la tercera pantalla. Habíamos estado a punto, pero al final siempre aparecía el GAME OVER y teníamos que empezar desde el principio. O mi madre nos manda apagar la Nintendo para poner la mesa.

Pero un día, por fin, conseguimos acabar la tercera pantalla. Gritos, júbilo y alegría ilimitada. Nervios ante lo que se avecinaba: lo desconocido. Habíamos visto un mundo exterior, un mundo subterráneo y un mundo con setas gigantes. Sabíamos que tenía que ser algo especial, porque al final del nivel se veía un castillo más grande de lo habitual. Y entonces apareció antes nuestros ojos el mismo infierno.

No puedo describir con palabras el miedo que recorrió mi cuerpo infantil cuando vi el primer castillo. Lava, fuego, bloques blancos que no se podían romper. Una música infernal y barreras giratorias envueltas en llamas. Y al final, el rey Koopa. No se cuantas veces nos mató hasta que conseguimos llegar al otro lado del puente y pisar esa especie de hacha que hacía que se derrumbara el puente. Y entonces, iluso de nosotros, pensamos que habíamos acabado el juego. Hasta que vimos al bueno de Toad indicándonos que muchas gracias, pero que la princesa estaba en otro castillo. No sentimos desilusión entonces, sino un gran placer al comprobar que teníamos muchos mundos que recorrer hasta llegar a la princesa. Y eso significaba muchas más horas de diversión.

MUNDOS SECRETOS O COMO PASARSE EL NIVEL CORRIENDO POR EL TECHO

Pantalla 1-2: Mario atraviesa una tubería y llega la mundo subterráneo. A las profundidades, a las alcantarillas del mundo champiñón. Una melodía pegadiza sale de mi televisor. Dios, como adoro esa música. Ya llevábamos muchas partidas a nuestras espaldas. Incluso habíamos derrotando a un Koopa o dos y rescatado a un Toad en más de una ocasión. Habíamos visto mundos bajo el agua, incluso nocturnos, pero nunca habíamos llegado muy lejos en el juego. Y entonces se me ocurrió. ¿Porqué no subir hasta el techo, hasta donde marcaba el tiempo y las vidas y simplemente recorrer todo el nivel?

Llegamos a una zona donde se podía intentar tamaña proeza. Y lo hicimos. Corrí por todo el nivel
viendo pasar la fase por debajo de mis pies. Llegue al final, donde unas plataformas suben como si fueran ascensores. Y en vez de tirarme hacia la tubería que nos lleva al exterior de las profundidades y al final del nivel, salté por encima. WELCOME TO WARP ZONE. Y tres tuberías con números: 2, 3 y 4. Nuestro inglés no daba para traducir eso de WARP, pero inmediatamente sabíamos que estábamos en un sitio mágico; podíamos llegar hasta el mundo 4 del juego directamente: simplemente maravilloso. Y no nos lo había dicho ningún amigo en el recreo del colegio, ni lo habíamos leído en una revista especializada (¿Internet? ¿ordenador? Eso no existía, o por lo menos no en nuestra casa). Habíamos descubierto uno de los mejores secretos del juego, y había sido gracias a nuestra habilidad. Sin duda alguna, uno de mis mejores recuerdos en este mundillo.

LAKITU BROS O ¿POR QUÉ COÑO ME PERSIGUE POR TODA LA PANTALLA?

Habíamos encontrado la WARP ZONE del mundo 1-2. Sabíamos que la tubería marcada con el número 4 nos conduciría a donde nunca habíamos llegado antes en el juego. Entramos y aparecimos, como era de esperar, en el la fase 4-1. Y ahí estaba él. Montado en una nube, como Goku, tirándonos mierdas por toda la pantalla. Eran conchas con pinchos que no podíamos aplastar. No se despegaba de nosotros; era muy frustrante. En los momentos más jodidos, allí estaba él, inmortal (por aquel entonces pensábamos que no se podía matar) esperando a que saltáramos para arrojarnos una de esas conchas con pinchos y acabar con nuestra última vida.

Es, probablemente, uno de los enemigos que más he odiado en un videojuego. Siempre en las alturas, inalcanzable, con una nube que esbozaba una sonrisa burlona. Mi plan en este nivel era correr sin descanso, con el botón B siempre apretado, e intentar pasarlo cuanto antes. No tenía táctica para matarlo, me sobrepasaba. Simplemente corría y, si tenía suerte, conseguía llegar al final del nivel. Así fue durante muchos años, hasta que alguien me dijo que si saltabas sobre él, o le disparabas, o le tocabas con una estrella de invencibilidad podías matarlo. Me daba igual. No quería enfrentarme a él, simplemente quería evitarlo a toda costa. Como fuera. Y ahora puedo decir que soy todo un experto en el nivel 4-1; puedo igualar cualquier speedrun de ese nivel que hayáis podido ver en Internet. FUCK YOU LAKITU!

HE ACABADO EL JUEGO O SOY EL PUTO JEFE.

He de confesaros una cosa: yo no me pasaba los juegos. Sólo las aventuras gráficas. Pero los plataformas o aventuras de la NES nunca me los acababa. No era capaz, simplemente. Ahora si. Gracias a los emuladores he completado muchos juegos que me hicieron la vida imposible en mi infancia. Sin embargo, tengo una historia que contaros sobre como terminé el primer Super Mario.

Debíamos tener alrededor de 18 o 19 años Era un verano de esos del norte de la península que ni son verano ni son nada. Osea, que llovía todo el día. Mis amigos y yo teníamos un local donde nos reuníamos para beber, ver películas y pasar el rato. El local tenía sofás y uno de nosotros había llevado una televisión vieja de su casa. Decidimos llevar todas las videoconsolas antiguas que teníamos por casa, y, entre todos, reunimos casi todas las máquinas de 8 y 16 bits y muchos videojuegos. Y en ese verano, mirando a que podíamos jugar mientras maldecíamos la lluvia, lo decidimos: teníamos que pasarnos el Super Mario. Hablando entre nosotros, resulta que nadie se lo había terminado. Nunca. Eso era muy grave, así que nos pusimos manos a la obra.

No me acuerdo cuanto tiempo tardamos, pero al final nos lo pasamos. Una sensación de bienestar recorrió entonces mi cuerpo: había conseguido terminar el primer videojuego que tuve. Después de tantos años. Con mis amigos. Es como cuando acabas ese libro que tanto tiempo llevas leyendo, o consigues ver una película que, por una cosa u otra, nunca has podido ver entera. Pero mejor. Era cumplir un viejo anhelo, casi olvidado, de mi infancia. Ver como Mario rescataba a la princesa. Y lo hicimos.


Grandes momentos, amigos, grandes momentos. Y sin embargo, todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia.




Espero que halláis disfrutado de estos retazos de nostalgia. Cada uno tenemos nuestros momentos inolvidables de éste y de otros tantos videojuegos.¿Cuáles son los vuestros?

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4 comentarios:

Ricardo Floranes dijo...

Recuerdo aquel último nivel; sus peces voladores, su fuego en el mar, las malditas medusas y, sobre todo, la última bola de fuego. Recuerdo recorrer ese castillo mil y una veces hasta que, de un vez por todas, saltabas entre los martillos y sobre koopa, golpeando ese hacha. Recuerdo ese golpeo con cierta esperanza e incertidumbre. Habremos llegado al final? Recuerdo aquella lluvia, aquel verano y aquel local, amigo. Y ya que cierras el post con una pregunta nostálgica sobre los 8 bits, te dejo otra en forma de adivinanza. Dolor punzante en el dedo índice de apretar el A a causa del premio de una tómbola que según una "investigación policial" nos autorobamos para estafar a un seguro (creo que inexistente, aunque no estoy seguro). Videoconsola y juego????

Iván Fernández Frías dijo...

jajaja, grande Ricardo! Videoconsola: la famosa polystation (¿No?) Y el juego no me acuerdo...pero fueron grandes momentos; y podemos decir, orgullosos, que nos pasamos el Super Mario Bros! UN abrazo socio.
PD: Ricardo hace referencia a que un yonki entró en el local t nos robó TODAS las videoconsolas y los juegos que tanto nos había costado reunir; la poli dijo que nos habíamos robado a nosotros mismos para cobrar el seguro (¿Seguro? Pero si no teníamos ni para comprar pipas...)En fin, una cosa más para no fiarse de los esbirros malvados del gobierno (me dan mas por el culo que Lakitu tirándome conchas de pinchos)

Ricardo Floranes dijo...

Jajajaja, exacto. El juego era el Track & Field, aquel en el que se competían en distintas disciplinas olímpicas. Orgulloso amigo!!
P.D.; A.L.A.B.

VotatuProfesor Hubert Alias dijo...

Que tiempos la verdad ... ahora solo nos queda trabajar, comer y dormir...

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